Llama



Arde el aire cuando te pienso, como si fuera el fuego quien susurarra tu nombre. 
 
Es tu rostro quien se enciende en mi mente y donde la noche se vuelve en amanecer. 

La calidez de tu aliento me envuelve, despertando el deseo de besarnos una y otra vez. 
 
Es tu sonrisa como el amanecer y tus labios como estas brasas que nunca se apagan.

Mi piel los recuerda aunque no estés y es en el suave murmullo del fuego que veo el vaivén de tu cabello mujer.

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